jueves, 16 de junio de 2011

EDUCANDO CON CUENTOS





Existen numerosos estudios sobre los beneficios que aportan los cuentos a la educación de los más pequeños, y en otros aspectos como por ejemplo la vida familiar. Una de las mayores ventajas que encontramos podría ser la cantidad de valores que se pueden transmitir con la lectura de estos cuentos, y parándonos a recordar nuestra infancia, muchos de nosotros coincidiremos en la relevancia que tuvieron algunos de los cuentos más típicos en la conformación de nuestros valores personales. Valores como el respeto, esfuerzo, amistad, fortaleza, obediencia, responsabilidad y un largo etcétera.
Esto no es casualidad pues la moraleja puede ser el mejor resumen de un cuento y por lo tanto lo que mejor retenemos del mismo.
Evidentemente no podremos recordar pequeños detalles sobre lo que decían algunos de nuestros personajes favoritos, pero si que nunca olvidaremos la historia que a ellos les envolvía y lo que esto nos enseñaba.
Bajo mi punto de vista, considero que la mayoría de las historias han sido utilizadas siempre para transmitir ideas y conocimiento, pero además de ser un buen recurso educativo nos sirve para establecer nexos comunicativos con los niños.
Pero este tema suscita una duda en mí, ¿qué pasaría si estamos ante niños y niñas sordos? Existe cierto interés sobre cómo desarrollar la lectura en este tipo de personas, ya que la relación entre esta y el lenguaje es de vital importancia en sus desarrollos.
Muchos especialistas defienden técnicas como la lectura en voz alta con personas sordas, pero ¿cómo hacerlo? Sabríamos leer un cuento a un niño oyente sin ninguna dificultad, pero ¿a un niño sordo también? Algunos maestros y padres se quedan estancados en la mecánica de la lectura, utilizando métodos fonéticos únicamente y aunque está demostrado que los niños sordos pueden llegar a leer en voz alta y comprender lo leído ¿qué sentido tendría esto si no recurrimos a estrategias como las señas, la mímica o la pantomima?
En relación con la última práctica de esta asignatura sobre la adaptación de textos, he aprendido que existen numerosos recursos para conectar la lectura con la realidad del niño, así como instruir a estos en sus primeras etapas de educación, tan importante en sus vidas.
Considero que la lectura de un cuento es una de las actividades más adecuadas que un adulto puede realizar con los niños, y que el hecho de que este sea sordo o no, no es impedimento para llevarla a cabo. Sólo necesitamos tener en cuenta algunos aspectos como la expresión corporal y facial, el uso del espacio, tomar en cuenta sus observaciones y, si es posible, combinar ambos lenguajes.



Fernando Moreno Hernández

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